Un blog de viajes - Travellerspoint

Por éste autor: AMLATMDQ

Lima es bonito, pero vale menos de lo que cuesta

Cusco 2 y Lima

sunny 23 °C
Ver Latan+Europa+Natal (MCEN) en el mapa de AMLATMDQ.

Nos levantamos con ganas de ir a desayunar al mercado, realmente era barato, y toda una experiencia.
Pero…. Llegamos y estaba cerrado!
Todos los dueños de los puestos en la calle, mientras desde afuera manguereaban el mercado, como si se estuviera prendiendo fuego.
Preguntamos a que se debía, y nos dijeron que lo limpiaban 2 o 3 veces al año (solamente). Y justo nos tocó este domingo! Mala suerte.
Nos tomamos un taxi a la terminal. Por suerte, cuando llegamos nos pusimos a preguntar precios y horarios, y justo encontramos uno que estaba en promoción, y que además de costar menos, salía en 10 minutos, tenía servicio a bordo, y se podía pagar con tarjeta. Mejor imposible. Eso si, en la tele del bus nos tuvimos que aguantar unos videos musicales de los 80-90s muy bizarros, hasta el de la lambada tenían!
Al llegar a Lima, camino a la terminal, pasamos por la zona donde estaba el hotel que teníamos visto. Claro, era barato porque la zona era como Warnes jaja. Y además quedaba lejos de las atracciones. Por lo que rápidamente decidimos ir a buscar otro hotel, más cerca de Miraflores.
Los buses públicos de lima son muy particulares. Son todas pequeñas combis, muy viejas y descuidadas, en las que un empleado maneja, y el otro va colgado de la puerta gritando todas las paradas, y SIEMPRE apurando a los pasajeros para que suban y bajen. Al principio aturde un poco, pero luego uno se acostumbra. De mas está decir que los tamaños de los asientos, y los espacios entre ellos, son para peruanos. Se entiende no?
Una vez en Miraflores, buscamos hostel, y todos realmente muy caros. Ni que Lima fuera Bariloche.
Después de recorrer varios, nos quedamos en el Flying Dog, que era uno de los mas baratos, y mejorcitos. Realmente tenía todo lo que uno espera de un hostel: una cocina equipada, una zona compartida bien acondicionada, varios baños compartidos, y todo muy limpio y ordenado. Funcionaba el agua caliente, la tele por cable, el wi-fi, y la atención fue realmente excelente.
Pero, realmente era caro, y decidimos que solo nos quedaríamos una noche en Lima en lugar de las 2 programadas.
Nos acomodamos, almorzamos, y fuimos a recorrer el centro histórico.
Queríamos ver un espectáculo de aguas danzantes muy recomendado, pero estaba cerrado los lunes y martes. Una lástima.
Una vez en el centro, no hay demasiado para ver. La plaza, la municipalidad, la catedral, y algunos parques. Luego de recorrer, de lejos vimos un lugar que ya estaba marcado en el mapa, y que aunque tenía un nombre gracioso, no teníamos idea de que era. Se llama “Polvos Azules”. Y era un edificio que estaba aún como a 5 cuadras, ya en una zona no muy recomendable. Optamos por no ir. Más adelante nos enteraríamos que “Polvos Azules” era como un Shopping estilo La Salada jaja, no nos perdimos nada.
Como en todas las ciudades más o menos grandes, uno debe cuidarse de los robos, y G estuvo bastante cuidadosa de su mochila todo el día. Pero casi al final, se descuidó unos minutos y se puso la mochila en la espalda. Fue suficiente, para que luego de 5 minutos, no más, D se diera cuenta que tenía un bolsillo pequeño abierto. G lo revisó, pero parecía no faltar nada. Lo gracioso de esta anécdota, es que durante los 15 días siguientes, cada vez que G no encontraba algo, decía “ya sé lo que me robaron en Lima”, pero al rato aparecía, y así seguimos hasta el día de hoy, recordando el NO robo.
Volvimos al hotel, y nos pusimos a buscar donde quedaba la terminal a donde iríamos a sacar los pasajes la mañana siguiente, para irnos a la noche. Estaba a 5 cuadras de donde habíamos estado esa tarde 
Nos levantamos y fuimos a sacar los pasajes. Al llegar, la vendedora nos ofrece uno, que para nosotros era caro, y le preguntamos por el “económico”. La empleada se sonrió (por no decir que se cag% de risa), y luego entenderíamos por qué.
Ese día, conocimos a Cande y Noe, 2 argentinas que estaban viajando también, y que iban para Máncora como nosotros.
Antes de irnos, fuimos a conocer la playa de Lima. Al principio había muchísima neblina, tanto que desde el acantilado sobre el que está la ciudad no se veía la playa. Pero luego el día fue mejorando y se despejó y pudimos ver lo bonito que es Lima, sobre todo esa zona de Miraflores. D se quedó con ganas de quedarse un día más en Lima, pero bueno, ya teníamos los pasajes.
Aunque salimos hacia la terminal con bastante tiempo de sobra, el tránsito era terrible y la combi tardó muchísimo, y hasta tuvimos que correr (sí, correr) 5 cuadras cargados con las 4 mochilas.
Llegamos en punto, y por suerte la organización para subir era bastante defectuosa, y todavía había gente despachando cosas.
Subimos, y entendimos que el “económico” tenía unos haciendo muy pequeños, y que no se reclinaban prácticamente. Iba lleno de gente local, que llevaba muchos bultos, nenes, de todo. Por algo costaba la mitad. Iba a ser un largo viaje. Y así fue. Subió y bajó gente muchas veces, hicimos muchas paradas, y subieron muchísimos vendedores. A veces subía uno que vendía algo, y a los 15 minutos subía otro que vendía lo mismo. Lo extraño es que vendían muchísimo! Allí conocimos los “king kong”. Son como un alfajor gigante, que en vez de relleno de dulce de leche, tienen “manjar blanco”. Y como muchos vendedores se jactan de que otros los venden “huecos” en su interior “y el de ellos es relleno de PURO manjar blanco”, abren uno, y lo cortan y se lo van dando de probar a los pasajeros.
Ya estábamos acostumbrados a esto, pero el que de verdad nos molestó fue un vendedor que subió a las 6 AM, con todo el bus durmiendo, y encima el vendedor le dice al chofer “prendeme, prendeme las luces” y el chofer las prendió. 2 hdp.

Les dejamos unas fotos. El resto las pueden ver aquí.

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Publicado por AMLATMDQ 13:43 Publicado en Perú Tagged peru lima Comentarios (0)

Agotados de caminar, pero con una sonrisa interminable

Machu Pichu, Perú

sunny 28 °C
Ver Latan+Europa+Natal (MCEN) en el mapa de AMLATMDQ.

Madrugamos con todas las pilas. Íbamos a subir al Machu Picchu; mucha emoción.
Partimos de noche, 4:30am, con la linterna encendida para poder ver. Es muy raro ver (o no ver) una procesión de gente caminando hacia la selva a esa hora, en completa oscuridad, donde solo se distinguen en la oscuridad las luces de linternas. Muy loco, pero una sensación parecida a la de los géiseres del Tatio. Porque parece que tenés que estar loco para hacer lo que estas haciendo, pero tanta gente no puede estar loca. Y seguís, con la sensación de que lo que viene tiene que ser especial.
Y claro que lo es. Llegamos a la entrada del predio: una cabinita tipo peaje donde te controlan las entradas, y luego pasás por un puente cruzando el río. Ya estás del otro lado, y todo el mundo se pone muy feliz. Ahora, a caminar. Y no solo caminar horizontal, para nada.
Pronto se acaba la calle, y se empieza a subir por unas escaleras de piedras sobre la ladera de la montaña.
Casi no se ve nada, solo se escuchan voces y se ven linternas unos metros más arriba. Rápidamente uno se agita y entra en calor. Y pronto nos dimos cuenta que la campera era absolutamente innecesaria. Sólo sería un peso y una molestia para lo que nos quedaba de día.
Luego de 20 minutos, empieza a aclarar. Uno empieza a ver donde está, muy de a poco, en tonos de azules y marrones. Es hermoso, pero hermoso de una manera distinta. Es la belleza de lo que no se ve, pero uno sabe que está a su alrededor.
Seguimos avanzando los 3000 escalones (aprox.). Pasamos mucha gente, de todo tipo y edad, pero entre todos había un acuerdo implícito: todos íbamos por lo mismo, no importaba quien llegara primero.
Luego de arduos 50 minutos y de pasar a mucha gente durante la subida, llegamos a la entrada de Machu Pichu. Fuimos de los primeros, y es muy gratificante ver las caras de los que van llegando, agotadísimos pero muy felices.
A las 6 abre Machu Pichu y allí estábamos, listos para entrar. No nos entretuvimos mucho en la ciudadela porque teníamos entrada para el primer turno del Waynapichu, a las 7 am.
En la entrada al Wayna hay un mapa donde se indica que el recorrido ida y vuelta al Wayna dura como 2 horas, y el completo tarda 4. Nos propusimos tratar de hacer el completo.
La primera parada es el Wayna. Realmente es impresionante, y cualquier descripción va a ser poco. Uno cree que va a ascender por un sendero un poco empinado, pero no es así. Lo primero que nos llamó la atención es que no avisen de la dificultad. Subir al Wayna NO ES PARA CUALQUIERA. Es peligroso, y se requiere de muy buen estado físico. Hay mucha gente que abandona en el intento. Es verdad que con mucha calma se puede llegar, pero también hay lugares de acantilados, y si alguien sufre de vértigo no creo que lo pase nada bien.
Desde la entrada, uno recorre un camino de piedras, en el que pronto aparece un pasamanos hecho con cables de acero. Luego de unos metros, estas pequeñas subidas y bajadas entre piedras, se convierten en un sendero de piedras y barro por la ladera de la montaña en forma de zigzag. A veces con el cable de acero, y a veces no. Y los escalones, a veces son demasiado altos, como si fueran dos o tres escalones en uno. A esa hora, con el rocío, algunas piedras además son resbalosas.
Pasamos entre piedras enormes que formaban cavernas, subimos por algunos escalones de piedra que estaban directamente sobre el precipicio y por donde se debe subir utilizando también las manos como piernas; realmente exigente.
De a poco, uno empieza a tener la sensación de que no falta tanto. Porque la cima no se ve hasta que uno llega. Pero cuando uno llega…
Nos tocó un día completamente despejado, y fuimos muy afortunados ya que es la excepción. La vista es increíble, indescriptible. Todo lo que se diga es poco, y las fotos no hacen justicia tampoco. Solo los que estuvieron ahí saben lo que es. Y para los que nunca fueron, no les vamos a arruinar la experiencia, ojalá todos puedan ir alguna vez.
Al llegar, ya había 4 personas, entre ellos un español que saltaba entre las piedras como nada (bastante arriesgado), y un chino con unas zapatillas tipo flecha.
G fue la primera mujer en subir ese día. Algo muy meritorio. Lo gracioso fue que a los 15 minutos llegó una chola de 70 años con pollera y zapatos de cuero; ¡una grande la vieja! Nosotros la habíamos pasado hacía rato y hasta la venían trayendo del brazo. Pensábamos que no iba a llegar; perdón señora, nuestros mayores respetos.
Al rato, llegó una Argentina como de 60 años, espectacular la mujer. Nos pusimos a charlar, mientras comíamos unas bananas, y la señora nos contó que su amiga había desistido, y que ella iba siempre al gimnasio, y que estaba súper feliz de lo que había logrado.
Al rato, cayeron unos mendocinos, también muy contentos. Realmente en Sudamérica los argentinos somos plaga. En seguida salió un “y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez” jajaja. Y bueno, nos salió el Argento de adentro.
Luego de unas miles de fotos, emprendimos el retorno.
La señora argentina nos comentó que ir hasta las cavernas no valía la pena. Que un guía, el día anterior, le había dicho que era muy lejos, y muy abajo, con lo cual luego había que volver a subir demasiado para poder salir del Wayna; además no había nada importante para ver.
Pero como era muy temprano, y teníamos que hacer tiempo hasta que nos pasaran a buscar por Hidroeléctrica, tomamos la PÉSIMA decisión de ir igual.
Uno baja y baja escaleras, muchas. Y luego de un rato se llega a las “famosas” cavernas. Es un hueco en la piedra que tranquilamente podrían haberlas usado de baño. Nada para ver, pero nada en serio.
Y encima, estábamos muy lejos, abajo del nivel de la salida, y cansados. Hacía un día que no parábamos de caminar más que para dormir.
Y lo peor estaba por venir.
Emprendimos el regreso.
Rápidamente empezamos a subir miles de escalones (literalmente). Pero no había muchas opciones, solo seguir.
Llegamos a la salida de un recorrido que se supone se hace en 4 horas. Nosotros nos desubicamos y lo hicimos en 2:50 horas 
Agotadísimos, descansamos un rato, nos alimentamos, bebimos, y comenzamos el recorrido por la ciudadela con destino a la casa del guardia. Al llegar, tuvimos una de las mejores vistas que se pueden obtener desde la ciudadela. Allí abajo se la puede observar en forma completa, con un pasto verde brillante cortado en forma impecable, llena de turistas, y colmada de un misticismo increíble. Porque no son más que rocas y unas montañas de fondo, pero por la piel entra mucho más que eso. Entra la sensación de que uno está en un lugar único, que aunque se saquen mil fotos, o se redacte un libro entero, no alcanzan las palabras. Paz, tranquilidad, alegría por el camino recorrido. Realmente uno no se quiere bajar.
Pero hay que hacerlo. Emprendimos la bajada. Tardamos 25 minutos y llegamos a la base muertos de sed. El agua ya se nos había acabado hace rato y en la entrada de Machu Pichu nos quisieron cobrar un disparate.
Por suerte, a la salida del parque hay un barcito. Allí nos tomamos en un minuto un agua de 1,5 litros, y seguimos camino de regreso a Hidroeléctrica.
Se camina menos de 2 horas, se deben cruzar las vías del tren 19 veces, unas tablitas de madera que sirven para cruzar arroyos 32 veces y se llega.
El agotamiento era tan indescriptible como la alegría por lo disfrutado. Al llegar, nos dispusimos a esperar la combi, y en un ratito nos tomamos otras 2 botellas como la anterior.
Pasaba el tiempo, y la combi de Viva Tours que debía pasar a buscarnos no aparecía.
Estaba el contingente de franceses que vinieron con nosotros, y también los israelíes. El tiempo pasaba, y nada.
Pasó media hora, y ya nos empezamos a poner nerviosos. De repente, llaman al grupo de los israelíes, y los suben a otra combi. “Ufff, safamos”, pensamos. Y al rato, nos suben a nosotros también a esa combi. No era lo mejor, pero la cosa ya pintaba bastante fea, y lo realmente importante para esa altura era salir de Hidroeléctrica, como sea.
Seguían las discusiones entre los choferes, de quien llevaba a quien, hacían llamadas por celular, y nada. No nos decían nada, y éramos como 30 personas para 3 combis, suficientes para llevar a todos, pero no arrancaban.
De repente, otra vez nos dicen que nos bajemos de la combi, y nos mandan a otra combi más chica (esta vez, sin los israelíes; por suerte). Subimos todos, y a 4 chicas argentinas que estaban ahí desde antes que nosotros llegáramos, les dicen que no pueden subir porque su empresa no les había pagado a estos otros choferes. Y que si querían viajar debían pagar de nuevo el pasaje.
Y de repente, la hecatombe, la debacle total. Una de las Argentinas se puso como loca y, previo empaque en la combi y negativa a bajarse, finalmente desciende y los encara a los choferes a los gritos, y a las puteadas, diciendo que no pensaba “pagar un carajo” y que “les iba a romper las combis” ¡Pensamos que embocaba a alguien! Cuando la lograron calmar, y después de mucho discutir, viendo los choferes que era una locura dejar a las 4 argentinas abandonadas en Hidroeléctrica, se apiadaron y accedieron a llevarlas.
A todo esto, los franceses de nuestra combi no entendían nada, estas cosas allí no pasan. Nosotros le explicábamos la situación, y que claramente, los choferes estaban buscando ganarse unos “billetes extras”, ya que las chicas no tenían muchas opciones. Concepto difícil para los franceses.
Cuando subieron, y finalmente estábamos por arrancar se dieron cuenta que una cubierta estaba pinchada y nos hicieron bajar de nuevo para poder cambiarla. Uno de los choferes que estaba cambiando la rueda andaba de campera debajo de esta… en cuero! Impresentable.
Finalmente, a las 16:30, partimos. Sabiendo cómo sería el camino, G se tomó un Dramamine, pero no fue suficiente para combatir las curvas del camino. D no pudo pegar un ojo en todo el viaje ya que le tocó un asiento híper-pequeño/incómodo/de mierda (usen la que les guste). En santa teresa hacemos una parada, y cuando debíamos volver a las combis el imbécil del IdelO casi se equivoca y se sube en nuestra combi. Rápidamente le dijimos que no era la suya y le cerramos la puerta en la cara jaja.
Pasamos por el peligroso camino por el que vinimos a la ida, y hasta tuvimos que hacer tiempo porque el paso estaba cerrado por reparaciones hasta las 18.
Después de muchísimas horas llegamos a Cusco, como a las 23, lo cual en Cusco es como las 4 de la mañana de Buenos Aires. No anda nadie. Pero… Bembos siempre está, así que fuimos al 7 Angelitos donde por suerte no tuvimos problema con el horario, y volvimos a Bembos a cenar.

Acá les dejamos el link a FB y algunas fotos:

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Publicado por AMLATMDQ 14:46 Publicado en Perú Tagged peru machu_pichu Comentarios (0)

Agotados de caminar, pero con una sonrisa interminable

Machu Pichu, Perú

sunny 28 °C
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Madrugamos con todas las pilas. Íbamos a subir al Machu Picchu; mucha emoción.
Partimos de noche, 4:30am, con la linterna encendida para poder ver. Es muy raro ver (o no ver) una procesión de gente caminando hacia la selva a esa hora, en completa oscuridad, donde solo se distinguen en la oscuridad las luces de linternas. Muy loco, pero una sensación parecida a la de los géiseres del Tatio. Porque parece que tenés que estar loco para hacer lo que estas haciendo, pero tanta gente no puede estar loca. Y seguís, con la sensación de que lo que viene tiene que ser especial.
Y claro que lo es. Llegamos a la entrada del predio: una cabinita tipo peaje donde te controlan las entradas, y luego pasás por un puente cruzando el río. Ya estás del otro lado, y todo el mundo se pone muy feliz. Ahora, a caminar. Y no solo caminar horizontal, para nada.
Pronto se acaba la calle, y se empieza a subir por unas escaleras de piedras sobre la ladera de la montaña.
Casi no se ve nada, solo se escuchan voces y se ven linternas unos metros más arriba. Rápidamente uno se agita y entra en calor. Y pronto nos dimos cuenta que la campera era absolutamente innecesaria. Sólo sería un peso y una molestia para lo que nos quedaba de día.
Luego de 20 minutos, empieza a aclarar. Uno empieza a ver donde está, muy de a poco, en tonos de azules y marrones. Es hermoso, pero hermoso de una manera distinta. Es la belleza de lo que no se ve, pero uno sabe que está a su alrededor.
Seguimos avanzando los 3000 escalones (aprox.). Pasamos mucha gente, de todo tipo y edad, pero entre todos había un acuerdo implícito: todos íbamos por lo mismo, no importaba quien llegara primero.
Luego de arduos 50 minutos y de pasar a mucha gente durante la subida, llegamos a la entrada de Machu Pichu. Fuimos de los primeros, y es muy gratificante ver las caras de los que van llegando, agotadísimos pero muy felices.
A las 6 abre Machu Pichu y allí estábamos, listos para entrar. No nos entretuvimos mucho en la ciudadela porque teníamos entrada para el primer turno del Waynapichu, a las 7 am.
En la entrada al Wayna hay un mapa donde se indica que el recorrido ida y vuelta al Wayna dura como 2 horas, y el completo tarda 4. Nos propusimos tratar de hacer el completo.
La primera parada es el Wayna. Realmente es impresionante, y cualquier descripción va a ser poco. Uno cree que va a ascender por un sendero un poco empinado, pero no es así. Lo primero que nos llamó la atención es que no avisen de la dificultad. Subir al Wayna NO ES PARA CUALQUIERA. Es peligroso, y se requiere de muy buen estado físico. Hay mucha gente que abandona en el intento. Es verdad que con mucha calma se puede llegar, pero también hay lugares de acantilados, y si alguien sufre de vértigo no creo que lo pase nada bien.
Desde la entrada, uno recorre un camino de piedras, en el que pronto aparece un pasamanos hecho con cables de acero. Luego de unos metros, estas pequeñas subidas y bajadas entre piedras, se convierten en un sendero de piedras y barro por la ladera de la montaña en forma de zigzag. A veces con el cable de acero, y a veces no. Y los escalones, a veces son demasiado altos, como si fueran dos o tres escalones en uno. A esa hora, con el rocío, algunas piedras además son resbalosas.
Pasamos entre piedras enormes que formaban cavernas, subimos por algunos escalones de piedra que estaban directamente sobre el precipicio y por donde se debe subir utilizando también las manos como piernas; realmente exigente.
De a poco, uno empieza a tener la sensación de que no falta tanto. Porque la cima no se ve hasta que uno llega. Pero cuando uno llega…
Nos tocó un día completamente despejado, y fuimos muy afortunados ya que es la excepción. La vista es increíble, indescriptible. Todo lo que se diga es poco, y las fotos no hacen justicia tampoco. Solo los que estuvieron ahí saben lo que es. Y para los que nunca fueron, no les vamos a arruinar la experiencia, ojalá todos puedan ir alguna vez.
Al llegar, ya había 4 personas, entre ellos un español que saltaba entre las piedras como nada (bastante arriesgado), y un chino con unas zapatillas tipo flecha.
G fue la primera mujer en subir ese día. Algo muy meritorio. Lo gracioso fue que a los 15 minutos llegó una chola de 70 años con pollera y zapatos de cuero; ¡una grande la vieja! Nosotros la habíamos pasado hacía rato y hasta la venían trayendo del brazo. Pensábamos que no iba a llegar; perdón señora, nuestros mayores respetos.
Al rato, llegó una Argentina como de 60 años, espectacular la mujer. Nos pusimos a charlar, mientras comíamos unas bananas, y la señora nos contó que su amiga había desistido, y que ella iba siempre al gimnasio, y que estaba súper feliz de lo que había logrado.
Al rato, cayeron unos mendocinos, también muy contentos. Realmente en Sudamérica los argentinos somos plaga. En seguida salió un “y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez” jajaja. Y bueno, nos salió el Argento de adentro.
Luego de unas miles de fotos, emprendimos el retorno.
La señora argentina nos comentó que ir hasta las cavernas no valía la pena. Que un guía, el día anterior, le había dicho que era muy lejos, y muy abajo, con lo cual luego había que volver a subir demasiado para poder salir del Wayna; además no había nada importante para ver.
Pero como era muy temprano, y teníamos que hacer tiempo hasta que nos pasaran a buscar por Hidroeléctrica, tomamos la PÉSIMA decisión de ir igual.
Uno baja y baja escaleras, muchas. Y luego de un rato se llega a las “famosas” cavernas. Es un hueco en la piedra que tranquilamente podrían haberlas usado de baño. Nada para ver, pero nada en serio.
Y encima, estábamos muy lejos, abajo del nivel de la salida, y cansados. Hacía un día que no parábamos de caminar más que para dormir.
Y lo peor estaba por venir.
Emprendimos el regreso.
Rápidamente empezamos a subir miles de escalones (literalmente). Pero no había muchas opciones, solo seguir.
Llegamos a la salida de un recorrido que se supone se hace en 4 horas. Nosotros nos desubicamos y lo hicimos en 2:50 horas 
Agotadísimos, descansamos un rato, nos alimentamos, bebimos, y comenzamos el recorrido por la ciudadela con destino a la casa del guardia. Al llegar, tuvimos una de las mejores vistas que se pueden obtener desde la ciudadela. Allí abajo se la puede observar en forma completa, con un pasto verde brillante cortado en forma impecable, llena de turistas, y colmada de un misticismo increíble. Porque no son más que rocas y unas montañas de fondo, pero por la piel entra mucho más que eso. Entra la sensación de que uno está en un lugar único, que aunque se saquen mil fotos, o se redacte un libro entero, no alcanzan las palabras. Paz, tranquilidad, alegría por el camino recorrido. Realmente uno no se quiere bajar.
Pero hay que hacerlo. Emprendimos la bajada. Tardamos 25 minutos y llegamos a la base muertos de sed. El agua ya se nos había acabado hace rato y en la entrada de Machu Pichu nos quisieron cobrar un disparate.
Por suerte, a la salida del parque hay un barcito. Allí nos tomamos en un minuto un agua de 1,5 litros, y seguimos camino de regreso a Hidroeléctrica.
Se camina menos de 2 horas, se deben cruzar las vías del tren 19 veces, unas tablitas de madera que sirven para cruzar arroyos 32 veces y se llega.
El agotamiento era tan indescriptible como la alegría por lo disfrutado. Al llegar, nos dispusimos a esperar la combi, y en un ratito nos tomamos otras 2 botellas como la anterior.
Pasaba el tiempo, y la combi de Viva Tours que debía pasar a buscarnos no aparecía.
Estaba el contingente de franceses que vinieron con nosotros, y también los israelíes. El tiempo pasaba, y nada.
Pasó media hora, y ya nos empezamos a poner nerviosos. De repente, llaman al grupo de los israelíes, y los suben a otra combi. “Ufff, safamos”, pensamos. Y al rato, nos suben a nosotros también a esa combi. No era lo mejor, pero la cosa ya pintaba bastante fea, y lo realmente importante para esa altura era salir de Hidroeléctrica, como sea.
Seguían las discusiones entre los choferes, de quien llevaba a quien, hacían llamadas por celular, y nada. No nos decían nada, y éramos como 30 personas para 3 combis, suficientes para llevar a todos, pero no arrancaban.
De repente, otra vez nos dicen que nos bajemos de la combi, y nos mandan a otra combi más chica (esta vez, sin los israelíes; por suerte). Subimos todos, y a 4 chicas argentinas que estaban ahí desde antes que nosotros llegáramos, les dicen que no pueden subir porque su empresa no les había pagado a estos otros choferes. Y que si querían viajar debían pagar de nuevo el pasaje.
Y de repente, la hecatombe, la debacle total. Una de las Argentinas se puso como loca y, previo empaque en la combi y negativa a bajarse, finalmente desciende y los encara a los choferes a los gritos, y a las puteadas, diciendo que no pensaba “pagar un carajo” y que “les iba a romper las combis” ¡Pensamos que embocaba a alguien! Cuando la lograron calmar, y después de mucho discutir, viendo los choferes que era una locura dejar a las 4 argentinas abandonadas en Hidroeléctrica, se apiadaron y accedieron a llevarlas.
A todo esto, los franceses de nuestra combi no entendían nada, estas cosas allí no pasan. Nosotros le explicábamos la situación, y que claramente, los choferes estaban buscando ganarse unos “billetes extras”, ya que las chicas no tenían muchas opciones. Concepto difícil para los franceses.
Cuando subieron, y finalmente estábamos por arrancar se dieron cuenta que una cubierta estaba pinchada y nos hicieron bajar de nuevo para poder cambiarla. Uno de los choferes que estaba cambiando la rueda andaba de campera debajo de esta… en cuero! Impresentable.
Finalmente, a las 16:30, partimos. Sabiendo cómo sería el camino, G se tomó un Dramamine, pero no fue suficiente para combatir las curvas del camino. D no pudo pegar un ojo en todo el viaje ya que le tocó un asiento híper-pequeño/incómodo/de mierda (usen la que les guste). En santa teresa hacemos una parada, y cuando debíamos volver a las combis el imbécil del IdelO casi se equivoca y se sube en nuestra combi. Rápidamente le dijimos que no era la suya y le cerramos la puerta en la cara jaja.
Pasamos por el peligroso camino por el que vinimos a la ida, y hasta tuvimos que hacer tiempo porque el paso estaba cerrado por reparaciones hasta las 18.
Después de muchísimas horas llegamos a Cusco, como a las 23, lo cual en Cusco es como las 4 de la mañana de Buenos Aires. No anda nadie. Pero… Bembos siempre está, así que fuimos al 7 Angelitos donde por suerte no tuvimos problema con el horario, y volvimos a Bembos a cenar.

Acá les dejamos el link a FB y algunas fotos:

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Agotados de caminar, pero con una sonrisa interminable

Machu Pichu, Perú

sunny 28 °C
Ver Latan+Europa+Natal (MCEN) en el mapa de AMLATMDQ.

Madrugamos con todas las pilas. Íbamos a subir al Machu Picchu; mucha emoción.
Partimos de noche, 4:30am, con la linterna encendida para poder ver. Es muy raro ver (o no ver) una procesión de gente caminando hacia la selva a esa hora, en completa oscuridad, donde solo se distinguen en la oscuridad las luces de linternas. Muy loco, pero una sensación parecida a la de los géiseres del Tatio. Porque parece que tenés que estar loco para hacer lo que estas haciendo, pero tanta gente no puede estar loca. Y seguís, con la sensación de que lo que viene tiene que ser especial.
Y claro que lo es. Llegamos a la entrada del predio: una cabinita tipo peaje donde te controlan las entradas, y luego pasás por un puente cruzando el río. Ya estás del otro lado, y todo el mundo se pone muy feliz. Ahora, a caminar. Y no solo caminar horizontal, para nada.
Pronto se acaba la calle, y se empieza a subir por unas escaleras de piedras sobre la ladera de la montaña.
Casi no se ve nada, solo se escuchan voces y se ven linternas unos metros más arriba. Rápidamente uno se agita y entra en calor. Y pronto nos dimos cuenta que la campera era absolutamente innecesaria. Sólo sería un peso y una molestia para lo que nos quedaba de día.
Luego de 20 minutos, empieza a aclarar. Uno empieza a ver donde está, muy de a poco, en tonos de azules y marrones. Es hermoso, pero hermoso de una manera distinta. Es la belleza de lo que no se ve, pero uno sabe que está a su alrededor.
Seguimos avanzando los 3000 escalones (aprox.). Pasamos mucha gente, de todo tipo y edad, pero entre todos había un acuerdo implícito: todos íbamos por lo mismo, no importaba quien llegara primero.
Luego de arduos 50 minutos y de pasar a mucha gente durante la subida, llegamos a la entrada de Machu Pichu. Fuimos de los primeros, y es muy gratificante ver las caras de los que van llegando, agotadísimos pero muy felices.
A las 6 abre Machu Pichu y allí estábamos, listos para entrar. No nos entretuvimos mucho en la ciudadela porque teníamos entrada para el primer turno del Waynapichu, a las 7 am.
En la entrada al Wayna hay un mapa donde se indica que el recorrido ida y vuelta al Wayna dura como 2 horas, y el completo tarda 4. Nos propusimos tratar de hacer el completo.
La primera parada es el Wayna. Realmente es impresionante, y cualquier descripción va a ser poco. Uno cree que va a ascender por un sendero un poco empinado, pero no es así. Lo primero que nos llamó la atención es que no avisen de la dificultad. Subir al Wayna NO ES PARA CUALQUIERA. Es peligroso, y se requiere de muy buen estado físico. Hay mucha gente que abandona en el intento. Es verdad que con mucha calma se puede llegar, pero también hay lugares de acantilados, y si alguien sufre de vértigo no creo que lo pase nada bien.
Desde la entrada, uno recorre un camino de piedras, en el que pronto aparece un pasamanos hecho con cables de acero. Luego de unos metros, estas pequeñas subidas y bajadas entre piedras, se convierten en un sendero de piedras y barro por la ladera de la montaña en forma de zigzag. A veces con el cable de acero, y a veces no. Y los escalones, a veces son demasiado altos, como si fueran dos o tres escalones en uno. A esa hora, con el rocío, algunas piedras además son resbalosas.
Pasamos entre piedras enormes que formaban cavernas, subimos por algunos escalones de piedra que estaban directamente sobre el precipicio y por donde se debe subir utilizando también las manos como piernas; realmente exigente.
De a poco, uno empieza a tener la sensación de que no falta tanto. Porque la cima no se ve hasta que uno llega. Pero cuando uno llega…
Nos tocó un día completamente despejado, y fuimos muy afortunados ya que es la excepción. La vista es increíble, indescriptible. Todo lo que se diga es poco, y las fotos no hacen justicia tampoco. Solo los que estuvieron ahí saben lo que es. Y para los que nunca fueron, no les vamos a arruinar la experiencia, ojalá todos puedan ir alguna vez.
Al llegar, ya había 4 personas, entre ellos un español que saltaba entre las piedras como nada (bastante arriesgado), y un chino con unas zapatillas tipo flecha.
G fue la primera mujer en subir ese día. Algo muy meritorio. Lo gracioso fue que a los 15 minutos llegó una chola de 70 años con pollera y zapatos de cuero; ¡una grande la vieja! Nosotros la habíamos pasado hacía rato y hasta la venían trayendo del brazo. Pensábamos que no iba a llegar; perdón señora, nuestros mayores respetos.
Al rato, llegó una Argentina como de 60 años, espectacular la mujer. Nos pusimos a charlar, mientras comíamos unas bananas, y la señora nos contó que su amiga había desistido, y que ella iba siempre al gimnasio, y que estaba súper feliz de lo que había logrado.
Al rato, cayeron unos mendocinos, también muy contentos. Realmente en Sudamérica los argentinos somos plaga. En seguida salió un “y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez” jajaja. Y bueno, nos salió el Argento de adentro.
Luego de unas miles de fotos, emprendimos el retorno.
La señora argentina nos comentó que ir hasta las cavernas no valía la pena. Que un guía, el día anterior, le había dicho que era muy lejos, y muy abajo, con lo cual luego había que volver a subir demasiado para poder salir del Wayna; además no había nada importante para ver.
Pero como era muy temprano, y teníamos que hacer tiempo hasta que nos pasaran a buscar por Hidroeléctrica, tomamos la PÉSIMA decisión de ir igual.
Uno baja y baja escaleras, muchas. Y luego de un rato se llega a las “famosas” cavernas. Es un hueco en la piedra que tranquilamente podrían haberlas usado de baño. Nada para ver, pero nada en serio.
Y encima, estábamos muy lejos, abajo del nivel de la salida, y cansados. Hacía un día que no parábamos de caminar más que para dormir.
Y lo peor estaba por venir.
Emprendimos el regreso.
Rápidamente empezamos a subir miles de escalones (literalmente). Pero no había muchas opciones, solo seguir.
Llegamos a la salida de un recorrido que se supone se hace en 4 horas. Nosotros nos desubicamos y lo hicimos en 2:50 horas 
Agotadísimos, descansamos un rato, nos alimentamos, bebimos, y comenzamos el recorrido por la ciudadela con destino a la casa del guardia. Al llegar, tuvimos una de las mejores vistas que se pueden obtener desde la ciudadela. Allí abajo se la puede observar en forma completa, con un pasto verde brillante cortado en forma impecable, llena de turistas, y colmada de un misticismo increíble. Porque no son más que rocas y unas montañas de fondo, pero por la piel entra mucho más que eso. Entra la sensación de que uno está en un lugar único, que aunque se saquen mil fotos, o se redacte un libro entero, no alcanzan las palabras. Paz, tranquilidad, alegría por el camino recorrido. Realmente uno no se quiere bajar.
Pero hay que hacerlo. Emprendimos la bajada. Tardamos 25 minutos y llegamos a la base muertos de sed. El agua ya se nos había acabado hace rato y en la entrada de Machu Pichu nos quisieron cobrar un disparate.
Por suerte, a la salida del parque hay un barcito. Allí nos tomamos en un minuto un agua de 1,5 litros, y seguimos camino de regreso a Hidroeléctrica.
Se camina menos de 2 horas, se deben cruzar las vías del tren 19 veces, unas tablitas de madera que sirven para cruzar arroyos 32 veces y se llega.
El agotamiento era tan indescriptible como la alegría por lo disfrutado. Al llegar, nos dispusimos a esperar la combi, y en un ratito nos tomamos otras 2 botellas como la anterior.
Pasaba el tiempo, y la combi de Viva Tours que debía pasar a buscarnos no aparecía.
Estaba el contingente de franceses que vinieron con nosotros, y también los israelíes. El tiempo pasaba, y nada.
Pasó media hora, y ya nos empezamos a poner nerviosos. De repente, llaman al grupo de los israelíes, y los suben a otra combi. “Ufff, safamos”, pensamos. Y al rato, nos suben a nosotros también a esa combi. No era lo mejor, pero la cosa ya pintaba bastante fea, y lo realmente importante para esa altura era salir de Hidroeléctrica, como sea.
Seguían las discusiones entre los choferes, de quien llevaba a quien, hacían llamadas por celular, y nada. No nos decían nada, y éramos como 30 personas para 3 combis, suficientes para llevar a todos, pero no arrancaban.
De repente, otra vez nos dicen que nos bajemos de la combi, y nos mandan a otra combi más chica (esta vez, sin los israelíes; por suerte). Subimos todos, y a 4 chicas argentinas que estaban ahí desde antes que nosotros llegáramos, les dicen que no pueden subir porque su empresa no les había pagado a estos otros choferes. Y que si querían viajar debían pagar de nuevo el pasaje.
Y de repente, la hecatombe, la debacle total. Una de las Argentinas se puso como loca y, previo empaque en la combi y negativa a bajarse, finalmente desciende y los encara a los choferes a los gritos, y a las puteadas, diciendo que no pensaba “pagar un carajo” y que “les iba a romper las combis” ¡Pensamos que embocaba a alguien! Cuando la lograron calmar, y después de mucho discutir, viendo los choferes que era una locura dejar a las 4 argentinas abandonadas en Hidroeléctrica, se apiadaron y accedieron a llevarlas.
A todo esto, los franceses de nuestra combi no entendían nada, estas cosas allí no pasan. Nosotros le explicábamos la situación, y que claramente, los choferes estaban buscando ganarse unos “billetes extras”, ya que las chicas no tenían muchas opciones. Concepto difícil para los franceses.
Cuando subieron, y finalmente estábamos por arrancar se dieron cuenta que una cubierta estaba pinchada y nos hicieron bajar de nuevo para poder cambiarla. Uno de los choferes que estaba cambiando la rueda andaba de campera debajo de esta… en cuero! Impresentable.
Finalmente, a las 16:30, partimos. Sabiendo cómo sería el camino, G se tomó un Dramamine, pero no fue suficiente para combatir las curvas del camino. D no pudo pegar un ojo en todo el viaje ya que le tocó un asiento híper-pequeño/incómodo/de mierda (usen la que les guste). En santa teresa hacemos una parada, y cuando debíamos volver a las combis el imbécil del IdelO casi se equivoca y se sube en nuestra combi. Rápidamente le dijimos que no era la suya y le cerramos la puerta en la cara jaja.
Pasamos por el peligroso camino por el que vinimos a la ida, y hasta tuvimos que hacer tiempo porque el paso estaba cerrado por reparaciones hasta las 18.
Después de muchísimas horas llegamos a Cusco, como a las 23, lo cual en Cusco es como las 4 de la mañana de Buenos Aires. No anda nadie. Pero… Bembos siempre está, así que fuimos al 7 Angelitos donde por suerte no tuvimos problema con el horario, y volvimos a Bembos a cenar.

Acá les dejamos el link a FB y algunas fotos:

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Publicado por AMLATMDQ 14:46 Publicado en Perú Tagged peru machu_pichu Comentarios (0)

Cusco es una belleza

sunny 24 °C
Ver Latan+Europa+Natal (MCEN) en el mapa de AMLATMDQ.

Finalmente llegamos a Cusco, agotados y fastidiados. De camino al hostel que teníamos visto, nos topamos con el Hotel 7 Angelitos. Las instalaciones son muy buenas y la atención excelente. Sumamente recomendable. Y para nada caro. Regateamos un poco el precio, y hasta teníamos desayuno incluido.
Lo primero que teníamos pensado hacer al llegar, era llegar hasta Ollantaytambo para conseguir los pasajes económicos a Machu Pichu del día siguiente (hay 3 tarifas; una de u$s100, una de u$s500 y otra para locales, de u$s30; teníamos entendido que algunos días de la semana, se podía acceder a esta tarifa siendo turista).
Subidos a una combi, conversamos con un local, que nos explicó que la tarifa económica era exclusiva para locales, nos recomendó ir en bus hasta Santa Teresa, y de allí tomar un taxi hasta Hidroeléctrica, desde donde podíamos llegar a Aguas Calientes caminando (Aguas Calientes es la ciudad al pie de Machu Pichu, donde se debe pasar la noche para ascender al día siguiente).
Inmediatamente nos bajamos de la combi, y tratamos de llegar a la terminal donde vendían los pasajes, que no era la misma a la que habíamos llegado esa mañana.
Preguntando, y sin nadie que nos supiera decir con exactitud, aprendimos una de las lecciones mas importantes de Perú: Cuando le preguntes a un peruano, aunque no sepa la respuesta, siempre algo te va a decir. SIEMPRE. Nunca te dirán “no lo se”. Solución: Le preguntas a 6, y la mayoría gana.
A cada uno que le preguntábamos donde quedaba la terminal, nos decía algo distinto. Y cuando decimos “todos” incluimos también a los policías.
De casualidad pasamos por una oficina OFICIAL de información turística (digo oficial porque oficinas de “información turística” hay mil, pero 999 son agencias de turismo que se autodenominan de esta manera). Y nos dijo que podríamos conseguir unas combis que nos llevaran desde Cusco hasta Hidroeléctrica directamente, ya que la terminal desde donde parten los buses a Santa Teresa está bastante alejada del centro.
Elegimos esta opción, y luego de comprar los pasajes del día siguiente, nos fuimos a comer y a recorrer el centro de Cusco.
De verdad nos sorprendió. Cusco es muy hermoso, muy limpio. Y además se puede comer por poco dinero. La plaza de armas (plaza central) está muy bien cuidada y rodeada por iglesias y edificios con galerías muy bien preservados.
A la noche fuimos a cenar y nos dirigimos a información turística a que nos impriman las entradas de Machu Pichu de forma gratuita; nos atendieron de forma excelente.
Llegó el día. Madrugamos, y nos fuimos a la plaza a esperar la combi de Viva Tours. En eso la vemos aparecer; una chica y una vieja (que se notaba que era la dueña de la combi) nos empiezan a gritar desde 30 metros, que nos apuremos porque no podían detenerse y los iban a multar. Nos hacen correr, cruzando la calle; en lugar de estacionar el auto a 2 cuadras, donde fue a parar después e indicarnos con calma que nos acercáramos. Arrancamos mal.
La combi empezó a llenarse; entre los pasajeros había uno en particular que desde que entró, se dedicó a arruinarnos el viaje al resto (vamos a referirnos a él como IdelO).
Se sentó en el asiento de adelante (al lado del conductor) y se puso a conversar a los gritos con su amigo (había asientos disponibles más cerca de su amigo). La dueña de la combi trataba de que se sentara correctamente, no había caso.
Después de media hora, lo obligaron a ir atrás.
Comenzó el camino sinuoso; curvas y contra curvas, en un camino de cornisa. Son por lo menos 3/4hrs de este tipo de camino y el IdelO pasados los primeros 20 minutos ya se había parado para prepotear al conductor para que bajara la velocidad (que dicho sea de paso, la tenía muy clara, hizo ese camino ida y vuelta una vez por día, 5 días a la semana, durante los últimos 4 años).
Nos mordimos la lengua para no mandar al IdelO de vuelta a su país, y finalmente se quedó dormido. Justo en la parte más complicada; sumado a las curvas, la ruta no está asfaltada entre Santa María y Santa Teresa; y se angosta bastante, es prácticamente un carril y medio; en muchos tramos no hay espacio para que pasen dos autos a la vez.
Paramos en Santa Teresa, el conductor dice 10 minutos, fue 1 hora. Más algunos minutos que nos demoró el grupo del IdelO porque alguno se había hecho el gracioso y no quería pagar la cuenta, además de que “los señores” tenían que terminar el cigarrillo.
A las 15hrs llegamos a hidroeléctrica; una planta de energía y una estación de tren.
Agarramos nuestras mochilas y huimos del IdelO y sus amigotes.
Para llegar hay que seguir las vías del tren; a unos 400mts de donde comienzan hay un pequeño atajo (está señalizado). Sacando esto, es imposible perderse.
Cruzamos las vías del tren 19 veces y 32 arroyos, todos con sus puentecitos. Tardamos 2 horas y cuarto en llegar al pintoresco pueblo de Aguas Calientes.
El pueblo está atravesado por un río; los puentes que lo cruzan son todos diferentes, hay una feria de artesanías grande y muchos lugares para comer. Nosotros nos dejamos invitar por un dueño desesperado que estaba en la puerta de su local regateando con cuanto turista pasaba. Comimos por el mismo dinero que en Cusco (15 soles por persona aprox.) pero 10 veces mejor.
Con la barriga llena, nos fuimos a dormir; al menos G, que pudo hacerlo aunque frente al hostel había un boliche que tuvo la música al palo hasta las 3 de la mañana, cuando D finalmente pudo conciliar el sueño.

Les dejamos algunas fotos de Cusco y el link a las demás:
http://www.facebook.com/media/set/?set=a.364237937009101.1073741836.353492714750290&type=3 (Cusco)

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Publicado por AMLATMDQ 20:51 Publicado en Perú Tagged peru cusco Comentarios (0)

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