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Agotados de caminar, pero con una sonrisa interminable

Machu Pichu, Perú

sunny 28 °C
Ver Latan+Europa+Natal (MCEN) en el mapa de AMLATMDQ.

Madrugamos con todas las pilas. Íbamos a subir al Machu Picchu; mucha emoción.
Partimos de noche, 4:30am, con la linterna encendida para poder ver. Es muy raro ver (o no ver) una procesión de gente caminando hacia la selva a esa hora, en completa oscuridad, donde solo se distinguen en la oscuridad las luces de linternas. Muy loco, pero una sensación parecida a la de los géiseres del Tatio. Porque parece que tenés que estar loco para hacer lo que estas haciendo, pero tanta gente no puede estar loca. Y seguís, con la sensación de que lo que viene tiene que ser especial.
Y claro que lo es. Llegamos a la entrada del predio: una cabinita tipo peaje donde te controlan las entradas, y luego pasás por un puente cruzando el río. Ya estás del otro lado, y todo el mundo se pone muy feliz. Ahora, a caminar. Y no solo caminar horizontal, para nada.
Pronto se acaba la calle, y se empieza a subir por unas escaleras de piedras sobre la ladera de la montaña.
Casi no se ve nada, solo se escuchan voces y se ven linternas unos metros más arriba. Rápidamente uno se agita y entra en calor. Y pronto nos dimos cuenta que la campera era absolutamente innecesaria. Sólo sería un peso y una molestia para lo que nos quedaba de día.
Luego de 20 minutos, empieza a aclarar. Uno empieza a ver donde está, muy de a poco, en tonos de azules y marrones. Es hermoso, pero hermoso de una manera distinta. Es la belleza de lo que no se ve, pero uno sabe que está a su alrededor.
Seguimos avanzando los 3000 escalones (aprox.). Pasamos mucha gente, de todo tipo y edad, pero entre todos había un acuerdo implícito: todos íbamos por lo mismo, no importaba quien llegara primero.
Luego de arduos 50 minutos y de pasar a mucha gente durante la subida, llegamos a la entrada de Machu Pichu. Fuimos de los primeros, y es muy gratificante ver las caras de los que van llegando, agotadísimos pero muy felices.
A las 6 abre Machu Pichu y allí estábamos, listos para entrar. No nos entretuvimos mucho en la ciudadela porque teníamos entrada para el primer turno del Waynapichu, a las 7 am.
En la entrada al Wayna hay un mapa donde se indica que el recorrido ida y vuelta al Wayna dura como 2 horas, y el completo tarda 4. Nos propusimos tratar de hacer el completo.
La primera parada es el Wayna. Realmente es impresionante, y cualquier descripción va a ser poco. Uno cree que va a ascender por un sendero un poco empinado, pero no es así. Lo primero que nos llamó la atención es que no avisen de la dificultad. Subir al Wayna NO ES PARA CUALQUIERA. Es peligroso, y se requiere de muy buen estado físico. Hay mucha gente que abandona en el intento. Es verdad que con mucha calma se puede llegar, pero también hay lugares de acantilados, y si alguien sufre de vértigo no creo que lo pase nada bien.
Desde la entrada, uno recorre un camino de piedras, en el que pronto aparece un pasamanos hecho con cables de acero. Luego de unos metros, estas pequeñas subidas y bajadas entre piedras, se convierten en un sendero de piedras y barro por la ladera de la montaña en forma de zigzag. A veces con el cable de acero, y a veces no. Y los escalones, a veces son demasiado altos, como si fueran dos o tres escalones en uno. A esa hora, con el rocío, algunas piedras además son resbalosas.
Pasamos entre piedras enormes que formaban cavernas, subimos por algunos escalones de piedra que estaban directamente sobre el precipicio y por donde se debe subir utilizando también las manos como piernas; realmente exigente.
De a poco, uno empieza a tener la sensación de que no falta tanto. Porque la cima no se ve hasta que uno llega. Pero cuando uno llega…
Nos tocó un día completamente despejado, y fuimos muy afortunados ya que es la excepción. La vista es increíble, indescriptible. Todo lo que se diga es poco, y las fotos no hacen justicia tampoco. Solo los que estuvieron ahí saben lo que es. Y para los que nunca fueron, no les vamos a arruinar la experiencia, ojalá todos puedan ir alguna vez.
Al llegar, ya había 4 personas, entre ellos un español que saltaba entre las piedras como nada (bastante arriesgado), y un chino con unas zapatillas tipo flecha.
G fue la primera mujer en subir ese día. Algo muy meritorio. Lo gracioso fue que a los 15 minutos llegó una chola de 70 años con pollera y zapatos de cuero; ¡una grande la vieja! Nosotros la habíamos pasado hacía rato y hasta la venían trayendo del brazo. Pensábamos que no iba a llegar; perdón señora, nuestros mayores respetos.
Al rato, llegó una Argentina como de 60 años, espectacular la mujer. Nos pusimos a charlar, mientras comíamos unas bananas, y la señora nos contó que su amiga había desistido, y que ella iba siempre al gimnasio, y que estaba súper feliz de lo que había logrado.
Al rato, cayeron unos mendocinos, también muy contentos. Realmente en Sudamérica los argentinos somos plaga. En seguida salió un “y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez” jajaja. Y bueno, nos salió el Argento de adentro.
Luego de unas miles de fotos, emprendimos el retorno.
La señora argentina nos comentó que ir hasta las cavernas no valía la pena. Que un guía, el día anterior, le había dicho que era muy lejos, y muy abajo, con lo cual luego había que volver a subir demasiado para poder salir del Wayna; además no había nada importante para ver.
Pero como era muy temprano, y teníamos que hacer tiempo hasta que nos pasaran a buscar por Hidroeléctrica, tomamos la PÉSIMA decisión de ir igual.
Uno baja y baja escaleras, muchas. Y luego de un rato se llega a las “famosas” cavernas. Es un hueco en la piedra que tranquilamente podrían haberlas usado de baño. Nada para ver, pero nada en serio.
Y encima, estábamos muy lejos, abajo del nivel de la salida, y cansados. Hacía un día que no parábamos de caminar más que para dormir.
Y lo peor estaba por venir.
Emprendimos el regreso.
Rápidamente empezamos a subir miles de escalones (literalmente). Pero no había muchas opciones, solo seguir.
Llegamos a la salida de un recorrido que se supone se hace en 4 horas. Nosotros nos desubicamos y lo hicimos en 2:50 horas 
Agotadísimos, descansamos un rato, nos alimentamos, bebimos, y comenzamos el recorrido por la ciudadela con destino a la casa del guardia. Al llegar, tuvimos una de las mejores vistas que se pueden obtener desde la ciudadela. Allí abajo se la puede observar en forma completa, con un pasto verde brillante cortado en forma impecable, llena de turistas, y colmada de un misticismo increíble. Porque no son más que rocas y unas montañas de fondo, pero por la piel entra mucho más que eso. Entra la sensación de que uno está en un lugar único, que aunque se saquen mil fotos, o se redacte un libro entero, no alcanzan las palabras. Paz, tranquilidad, alegría por el camino recorrido. Realmente uno no se quiere bajar.
Pero hay que hacerlo. Emprendimos la bajada. Tardamos 25 minutos y llegamos a la base muertos de sed. El agua ya se nos había acabado hace rato y en la entrada de Machu Pichu nos quisieron cobrar un disparate.
Por suerte, a la salida del parque hay un barcito. Allí nos tomamos en un minuto un agua de 1,5 litros, y seguimos camino de regreso a Hidroeléctrica.
Se camina menos de 2 horas, se deben cruzar las vías del tren 19 veces, unas tablitas de madera que sirven para cruzar arroyos 32 veces y se llega.
El agotamiento era tan indescriptible como la alegría por lo disfrutado. Al llegar, nos dispusimos a esperar la combi, y en un ratito nos tomamos otras 2 botellas como la anterior.
Pasaba el tiempo, y la combi de Viva Tours que debía pasar a buscarnos no aparecía.
Estaba el contingente de franceses que vinieron con nosotros, y también los israelíes. El tiempo pasaba, y nada.
Pasó media hora, y ya nos empezamos a poner nerviosos. De repente, llaman al grupo de los israelíes, y los suben a otra combi. “Ufff, safamos”, pensamos. Y al rato, nos suben a nosotros también a esa combi. No era lo mejor, pero la cosa ya pintaba bastante fea, y lo realmente importante para esa altura era salir de Hidroeléctrica, como sea.
Seguían las discusiones entre los choferes, de quien llevaba a quien, hacían llamadas por celular, y nada. No nos decían nada, y éramos como 30 personas para 3 combis, suficientes para llevar a todos, pero no arrancaban.
De repente, otra vez nos dicen que nos bajemos de la combi, y nos mandan a otra combi más chica (esta vez, sin los israelíes; por suerte). Subimos todos, y a 4 chicas argentinas que estaban ahí desde antes que nosotros llegáramos, les dicen que no pueden subir porque su empresa no les había pagado a estos otros choferes. Y que si querían viajar debían pagar de nuevo el pasaje.
Y de repente, la hecatombe, la debacle total. Una de las Argentinas se puso como loca y, previo empaque en la combi y negativa a bajarse, finalmente desciende y los encara a los choferes a los gritos, y a las puteadas, diciendo que no pensaba “pagar un carajo” y que “les iba a romper las combis” ¡Pensamos que embocaba a alguien! Cuando la lograron calmar, y después de mucho discutir, viendo los choferes que era una locura dejar a las 4 argentinas abandonadas en Hidroeléctrica, se apiadaron y accedieron a llevarlas.
A todo esto, los franceses de nuestra combi no entendían nada, estas cosas allí no pasan. Nosotros le explicábamos la situación, y que claramente, los choferes estaban buscando ganarse unos “billetes extras”, ya que las chicas no tenían muchas opciones. Concepto difícil para los franceses.
Cuando subieron, y finalmente estábamos por arrancar se dieron cuenta que una cubierta estaba pinchada y nos hicieron bajar de nuevo para poder cambiarla. Uno de los choferes que estaba cambiando la rueda andaba de campera debajo de esta… en cuero! Impresentable.
Finalmente, a las 16:30, partimos. Sabiendo cómo sería el camino, G se tomó un Dramamine, pero no fue suficiente para combatir las curvas del camino. D no pudo pegar un ojo en todo el viaje ya que le tocó un asiento híper-pequeño/incómodo/de mierda (usen la que les guste). En santa teresa hacemos una parada, y cuando debíamos volver a las combis el imbécil del IdelO casi se equivoca y se sube en nuestra combi. Rápidamente le dijimos que no era la suya y le cerramos la puerta en la cara jaja.
Pasamos por el peligroso camino por el que vinimos a la ida, y hasta tuvimos que hacer tiempo porque el paso estaba cerrado por reparaciones hasta las 18.
Después de muchísimas horas llegamos a Cusco, como a las 23, lo cual en Cusco es como las 4 de la mañana de Buenos Aires. No anda nadie. Pero… Bembos siempre está, así que fuimos al 7 Angelitos donde por suerte no tuvimos problema con el horario, y volvimos a Bembos a cenar.

Acá les dejamos el link a FB y algunas fotos:

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Publicado por AMLATMDQ 14:46 Publicado en Perú Tagged peru machu_pichu

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